Elena tuvo que dejar de ser modelo el mes de abril del pasado año. Un accidente de moto, cuando su novio la llevaba de casa a la agencia, le provocó serias lesiones en la pierna derecha. Como consecuencia de aquel suceso, Elena cojea ligeramente, pero su belleza se mantiene intacta. Mide cerca de 1,80 metros, tiene 28 años, su cuerpo es de sueño, delgado, estilizado, con unos hombros y caderas perfectamente proporcionados, y unos pechos pequeños pero armonizados con el resto de su físico. Pero lo que siempre me ha atraído de Elena es su cara. Tiene los ojos grandes, de un color azul mar muy llamativo, una nariz delgada sobre unos labios finos y sensuales. En las fechas en que se produjo el accidente llevaba una melena corta, pero ahora se ha dejado un pelo largo que a mi juicio la favorece. Y hay una característica más que hay que destacar de mi amiga: a pesar de su belleza, de su enorme atractivo, siempre ha sido una mujer abierta, dialogante, burlona, simpática y con mucho morbo.
Desde el accidente las relaciones de Elena con su pareja, Juan Antonio, de 37 años de edad, se fueron deteriorando poco a poco. No por causa de las secuelas del accidente, sino porque en ese periodo el novio de mi amiga se metió en negocios excesivamente arriesgados, hipotecando grandes cantidades de dinero que después no ha logrado cubrir. Lo peor de todo fue que para salir del paso solicitó avales a Elena y a su familia, con lo que desde hace unas semanas los bancos persiguen las propiedades de la familia de mi amiga para solventar las apuestas dinerarias de su novio. De tal manera la relación entre ambos se deterioró y ella le abandonó. Volvió a vivir en la casa de sus padres.
En todo el tiempo que conozco a Elena jamás hemos tenido una relación íntima o sexual. Y no es que no lo hayamos comentado en más de una ocasión, ya que somos grandes amigos y durante más de diez años hemos hablado de todo sin rubor. Ella nunca me ha ocultado sus fantasías, sus experiencias sexuales, con su novio y con alguna que otra aventura, que nunca le han faltado, y por esta razón siempre he pensado que mi amiga es una mujer fogosa, apasionada, con una gran capacidad para disfrutar de su hermoso cuerpo. Algo que ella, no con estos calificativos, me ha reconocido en más de una ocasión. Pero nunca hemos cruzado el camino que separa la amistad de cualquier otra relación, digamos, más personal.
Tras las últimas Navidades Elena me visitó, como ha hecho siempre, a mi despacho. Ella vive muy cerca. Me contó su ruptura con Juan Antonio y que los médicos le habían dicho que debía intervenirse quirúrgicamente de unos quistes en los ovarios. Mientras me contaba esta última realidad se puso a llorar. A partir de aquel día me visitó regularmente para mantenerme informado y, conforme avanzaban los encuentros, me confesó muchas cosas que nunca le había oído. La posibilidad de perder su aparato reproductor le sumió en una gran depresión, pero más por perder la posibilidad de disfrutar con naturalidad del sexo que por no poder tener hijos. Ella nunca los ha deseado.
Y en este terreno me sorprendió cuando inició a narrarme un inventario de las fantasías sexuales que no había logrado practicar pero que le hacían una tremenda ilusión. Me di cuenta de que hablar de estos temas le animaba, le hacía olvidar la inminente intervención de los cirujanos y le devolvía esa sonrisa burlona que siempre me había gustado. Y de entre todas, su mayor atrevimiento era mantener una relación íntima con otra mujer, pero con la condición de que esta compañera de juegos eróticos fuera muy bella. Me lo dijo de una manera extraña, mostrando un temor erróneo a que esta fantasía no pudiera llevarse a cabo tras la operación. Le insistí en que este tipo de intervenciones son hoy exitosas en un elevado porcentaje y ella reconoció que los médicos también se lo habían dicho. Pero a pesar de esto Elena repitió una y otra vez sus temores, con un exceso de hipocondría.
Yo quise corresponder mi amistad con ella y le prometí que le buscaría una mujer hermosa y bisexual con la que pudiera desarrollar su sueño. Al fin y al cabo, pensé, si eso la hace feliz habrá que ayudarla. Pero Elena, que conocía mi capacidad para tener contactos en todos los lugares dada mi profesión de abogado, subrayó que no deseaba a una prostituta, necesitaba encontrar una amiga, no una mujer de pago. Y me alertó de que para una chica el sexo con otra no es lo mismo que con un hombre. "Es más una cuestión de tacto que de genitales", añadió. Recordó que en una ocasión ya había tenido un conato de relación con una amiga, pero esta nunca le resultó atractiva y no pudo "cruzar la raya".
Desde aquel día me puse a buscar la solución a la ilusión de mi amiga. De entre mis mejores amigas sabía que algunas habían desarrollado relaciones bisexuales, pero ninguna era lo suficientemente bonita como para agradar a Elena, o al menos ese fue mi criterio en ese momento y lo mantuve. Sin embargo, conocía a una mujer, Esperanza, de 35 años, que, aunque no tenía el cuerpo y la cara de modelo de Elena, sí era especialmente atractiva. Pero no sabía si era bisexual, aunque en alguna ocasión le oí hablar del sexo con total desinhibición.
Llamé a Esperanza un jueves por la tarde y le dije que me encantaría invitarla a un café, a lo que ella accedió. Trabajaba de secretaria en uno de los juzgados de instrucción de la ciudad de Alicante y por mi trabajo había comido con ella en más de una ocasión. Bueno, también había tenido con ella relaciones sexuales esporádicas, muy en el pasado, pero sin que hubiera nada más entre nosotros, ni siquiera una amistad regular. Pero lo cierto es que Esperanza siempre reaccionaba muy bien a mis invitaciones y ese día fue uno más.
Quedamos en un bar cercano a la Audiencia y tras las típicas preguntas de rigor, comentarios normales y cuestiones puntuales le entré a saco. Le conté que tenía una amiga bellísima que deseaba una aventura con otra mujer, pero que esta amiga no era lesbiana, sino que su ilusión formaba parte de su retahíla de fantasías sexuales. Al tiempo le informé que Elena, sin citar en ese momento su nombre, era una mujer abierta y muy simpática. Y que yo estaba haciendo el curioso papel de alcahueta para encontrarle una amante ocasional.
Esperanza, que era más lista que el hambre, supo inmediatamente de que iba mi juego. "Vale, lo que quieres saber es si yo estoy dispuesta a compartir su aventura", me anunció. Yo me hice el tímido, algo que ella sabía que era una pura interpretación ocasional, y esperé a que Esperanza cogiera el hilo de la historia. "Bueno, si es tan atractiva como dices puede ser agradable". Pero tras decir eso me anunció una condición: "estoy de acuerdo, pero tú participarás de la fiesta". Aquello me dejó perplejo. Era una posibilidad que hasta ese momento no se me había pasado por la cabeza, y la verdad es que me ilusionó muchísimo, aunque ante Esperanza disimulé todo lo que pude y le dije gilipolleces tan predecibles como: "oye, no quiero aprovecharme de la situación" o "bueno, a lo mejor si yo participo la cosa no sale". Mi amiga se echó a reír con mucha ironía y sostuvo que "si ella es tan amiga tuya seguro que estará mucho más cómoda con tu intermediación en esta fantasía, tenlo por seguro; y yo estaré encantada de sacar provecho de ti ese día".
Llamé inmediatamente a Elena para contarle el éxito de mi búsqueda, y tras realizarme algunas preguntas lógicas sobre la identidad de Esperanza, sobre su carácter, sobre su atractivo, me dijo que confiaba en mí y que estaba dispuesta a conocerla. "Podría quedar con ella primero a cenar y así romper el hielo". Pero no me atreví a contarle la condición impuesta por Esperanza, mas que nada por temor a que eso pudiera fastidiar el plan. Sólo le dije que yo les acompañaría durante la cena para presentarlas y que en los cafés me marcharía. A Elena le pareció muy bien.
Las cité a las dos para el sábado por la noche, presumiendo yo que después la fantasía se podría desarrollar perfectamente en casa de Esperanza, que vivía sola. Durante los dos días previos al encuentro no pude dormir. Por una lado me excitaba como un loco pensando en la posibilidad de estar con mis dos amigas en la cama. Ni en mis mejores sueños había logrado conformar una fantasía de estas características. Elena era muy bella, pero Esperanza tenía un atractivo especial, cálido, picante, maduro, de una mujer que en las ocasiones que habíamos estado juntos, según mis recuerdos, me demostró una gran sabiduría en la cama. Y mi imaginación me emborrachaba visualizando la escena en que ambas se amaban, con sus dos cuerpos rozándose, con sus labios juntos. En fin, que me hice más pajas en esos dos días que en todo el año.
Guardé mesa en un discreto y bonito restaurante, alejado del centro de Alicante y que solía ser frecuentado por gente de pueblos cercanos. Era una decisión un tanto ridícula, puesto que nada raro hay en ver a un hombre cenando con dos amigas, pero lo hice por precaución, por evitar no se qué.
Yo acompañé a Elena a la cita, y Esperanza ya nos aguardaba sentada en la mesa. Cuando nos vio entrar se levantó efusiva y saludó con mucha simpatía a Elena y a mi con un beso muy fuerte. MI amiga, la exmodelo, llevaba puesto un vestido de raso de color azul muy ajustado, por encima de las rodillas, y con un gran escote en la espalda. Me di cuenta que no llevaba sujetador cuando la trasladaba en el coche. Pero eso no era anormal en ella, puesto que sus pequeños pechos no requerían ayuda para mantenerse tiesos. Para la ocasión se había recogido el pelo, lo que ayudaba a destacar su fino cuello. Estaba deslumbrante. Esperanza tampoco quiso ser menos, y aunque no tenía el cuerpo de Elena supo lucir muy bien sus grandes senos con una blusa muy abierta en escote. Llevaba pantalones negros, anchos, y se había alisado el pelo. Ese detalle me agradó, ya que demostraba que se había tomado la cita muy en serio.
La conversación inicial fue banal. Qué haces tú, qué hago yo, cómo te va la vida, qué has hecho últimamente y un largo etcétera sin demasiado interés. La cosa comenzó a caldearse un poco cuando Esperanza, ya en el segundo plato, le dijo a Elena que era muy bonita. "El me lo había dicho, pero realmente eres una mujer de bandera". Lo dijo con la mirada templada, dirigida a Elena directamente. Esto pareció gustarle mucho a la exmodelo, que no tuvo reparos en destacar también el atractivo de los ojos negros de mi amiga la secretaria.
Aquello ayudó realmente a romper el hielo. Cuando me di cuenta las dos estaban hablando de cosas más íntimas. Recordaron a sus respectivos exnovios, sus aventuras del pasado, se rieron mucho de los hombres que les habían intentado conquistar sin éxito y yo me sentí totalmente desplazado; pero ese debía ser mi papel puesto que la aventura era para satisfacer a Elena.
Hubo un momento que me intranquilizó, y fue cuando Esperanza le dijo a Elena que había tenido alguna aventura conmigo. Mi amiga la exmodelo le pidió que le diera más detalles. "Cuenta, cuenta, que yo a este lo conozco de toda la vida y eso no lo sabía". La secretaria le contó tantos detalles que logró ruborizarme. Le dijo a Elena que a mi me encantaba hacerlo por atrás, y que en una ocasión lo hicimos en el lavabo que está justo al lado de la Sala de juicios. Elena se partía de risa. Pero la muy zorra no sólo disfrutó con lo que Esperanza le contaba esporádicamente, sino que le exigió más y más detalles. Y ahí llegó el momento en el que la secretaria le dijo a mi buena amiga que yo la tenía enorme. "¿No me digas?", le espetó Elena. Yo comencé a sentirme un poco incómodo. Aunque Elena lo sabía todo de mi, ciertos detalles, digamos personales, me los reservaba para mi intimidad.
Lo más sorprendente fue que mi amiga la exmodelo le dijo a Esperanza que en más de una ocasión le hubiera gustado hacérselo conmigo, pero que "siempre ha habido cosas que lo han impedido". Lo anunció con una mirada cariñosa que me dirigió. Esperanza, sin dudarlo un instante dijo: "puede ser que esta noche mates dos pájaros de un tiro".
Aquello puso la fantasía en marcha, porque Elena se mostró muy contenta con aquella hipótesis. "Me encantaría", afirmó. A mi la furia me salía del pantalón. La evidencia de que esa noche yo iba a participar de la fiesta de mis amigas me estaba excitando como un loco. Pero es que encima Esperanza alargó su mano por debajo de la mesa y comenzó a acariciar mi entrepierna. Elena, que se percató del juego, hizo lo mismo, como no queriendo ser menos. Cuando me di cuenta las dos estaban sobándome, mientras entre ellas se consolidaba una mirada cómplice y a la vez extremadamente morbosa.
Y fueron ellas las que acordaron ir a casa de Esperanza. En el camino, que fue largo en coche, yo me senté atrás, mientras ellas, en algunos momentos, relajaban la situación diciéndose cosas bonitas. En un momento determinado, ante un semáforo en rojo, Elena acercó sus labios a los de Esperanza y le dio un beso intenso que la secretaria agradeció metiendo su mano por entre las piernas de la exmodelo. Yo, mientras, intentaba disimular mi excitación mirando hacia otro lado, pero no podía. Verlas besarse hizo que un fuerte calor me subiera hasta las orejas.
Cuando entramos en la vivienda de Esperanza, esta se dirigió rápidamente a su cuarto de baño y abrió el grifo de agua caliente. "Será mejor que nos demos antes un baño", añadió. Elena ejecutó inmediatamente la idea de su anfitriona, y ambas se desnudaron en un abrir y cerrar de ojos. Yo mientras me quedé de piedra. No sabía cómo reaccionar. Pero Esperanza me dijo que fuera con ellas al baño y que también me desnudara. Cuando me quité la ropa mi intimidad apareció erecta, alcanzando su mejor tamaño. Pero, para decepción mía, ellas apenas se fijaron.
Se sentaron una frente a otra dentro del baño, de grandes dimensiones, con el agua caliente rozándoles los pechos. Como, evidentemente, pasaban de mi, me dediqué a mirar la escena sentado sobre la tapa de la taza del lavabo. No quería perderme detalle. Esperanza echó gel de baño sobre el cuerpo de Elena y esta hizo lo mismo sobre el de su nueva amiga. Y, mientras se acariciaban muy lentamente, unieron sus labios. Vi cómo Elena cambiaba de tercio y tomaba la iniciativa empujando a Esperanza hacia atrás e iniciando una espectacular lamida de los pechos de la secretaria. Esta parecía feliz y tras una larga e intensa entrega de la exmodelo le pidió que se incorporara y se sentara sobre el cabezal del baño con las piernas abiertas. Elena obedeció y Esperanza acercó su boca al pequeño refugio de mi amiga y comenzó, literalmente, a comérselo. Cómo la haría de bien que Elena gimió reiteradamente mientras sus manos acariciaban sus propios pechos, seguramente para intensificar el placer que en ese momento estaba sintiendo.
Yo me sentía extraño. Durante todo ese tiempo ninguna de las dos se fijó para nada en mi. Por lo que decidí iniciar mi particular consuelo y comencé a masturbarme. Pero en ese momento Esperanza se percató de mi acción y me pidió que tuviera paciencia: "tranquilo, que habrá para todos", anunció. Y a continuación me solicitó que me acercara a la cocina y que en el tercer cajón bajo la encimera buscara un objeto negro que estaba dentro de una bolsa de plástico transparente. Allí me dirigí y cuál fue mi alucine cuando al encontrar el citado objeto vi que era un tremendo consolador de un material semejante al látex sólido.
Al entrar otra vez en el cuarto de baño era ahora Elena la que le comía la entrepierna a la secretaria. Pude ver que la exmodelo metía también varios de los dedos de su mano derecha en el orificio de Esperanza, y con su mano izquierda acariciaba uno a uno los pechos de la anfitriona, que en ese instante parecían enormes. Aquello subía la temperatura ambiente más de lo que ya estaba, y eso que era casi verano. Cuando Esperanza me vio me pidió que le diera aquel aparato a Elena y a esta le gritó que se lo metiera por la vagina.
No me podía creer lo que estaba viendo. Yo allí, con mi carne viva al aire, ahora un tanto desanimada, y mis amigas se consolaban con un artilugio artificial. Me sentía cada vez peor. Pero mi asombro fue comprobar que aquel consolador, de más de dos palmos, le cabia entero a Esperanza. "Más fuerte, más fuerte", gritaba la secretaria que parecía estar a punto de alcanzar el orgasmo, y así fue. Dio un fuerte, intenso y largo chillido y después dirigió una amplia sonrisa a Elena.
Fue ahí cuando Esperanza y Elena se fijaron en mi. La secretaria me pidió que me acercara a la bañera y que me colocara entre ella y su nueva amante. Me coloqué, tal como me ilustraron, con mi pene apuntando a los glúteos de Esperanza y con Elena detrás de mi. Mi amiga exmodelo me rodeó con sus brazos y con sus manos comenzó a tocarmela. Aquello era magnífico. Y Esperanza me exigió, mientras se agachaba, que se la metiera "por el culo". Fue un poco doloroso en los primeros movimientos, pero el jabón ayudó a que la penetrara con cierta facilidad. Esperanza volvió a chillar como una loca y Elena parecía super excitada viendo aquello; y giró mi cabeza hacia la suya, mientras yo se la metía a la secretaria por la puerta falsa, y me besó profundamente. "Hoy me siento muy feliz", me anunció. Sus palabras me excitaron aún más, tanto que no pude evitar echarle todo el chorro vital dentro del conducto prohibido de Esperanza, algo que ella sintió hasta el punto de explotar de placer.
Cuando se la saqué, Elena se encargo de limpiármela bien otra vez con más jabón. Fue entonces cuando Esperanza le dijo a Elena si le gustaría "chupármela". Y Elena respondió que "estaría encantada". Se arrodilló en la bañera y se metió la punta morada en la boca, para iniciar un lento y arritmico movimiento que alternaba con fuertes lengüetazos a mis testículos. Mi tierna herramienta poco a poco fue recuperando entereza hasta que casi Elena no podía introducirla entre sus labios. Yo volvía a estar excitado pero no sabía por dónde actuar, y fue la propia Elena la que me preguntó, con un tono muy familiar, si me gustaría "follarmela". No le contesté, pero léntamente la ayudé a incorporarse y la puse de espaldas, con sus manos apoyadas en la pared, decidido a responder a su pregunta. En ese acto noté que mi amiga Esperanza, que mientras Elena me la chupaba había estado mirando y relajándose, comenzó a hacer extrañas cosas el orificio de mi trasero con su lengua. Aquello, que inicialmente me resultó extraño y un tanto confuso, comenzó a gustarme poco después. Pero es que mientras yo penetraba a mi amiga la exmodelo, muy lentamente y con una satisfacción enorme de ver que al fin mi amiga y yo nos uníamos en el placer, Esperanza metía uno de sus dedos en mi virgen orificio. Yo estaba totalmente fuera de mi. A cada golpe que yo daba para lograr que mi verga llegara hasta el fondo de Elena, Esperanza metía más hacia dentro su dedo.
Me corrí. Y fue tan grande el placer que tuve que sentarme unos segundos para recuperarme. Esperanza me anunció que la fiesta aún no había acabado. Nos dirigimos los tres a una gran habitación con una cama de doble cuerpo cubierta con sábanas de raso. Allí Elena y Esperanza se estiraron, y la secretaria le pidió a mi amiga que se pusiera de espaldas, al estilo perro, porque ella deseaba hacer algo "muy divertido". La visión de la exmodelo arrodillada, echada hacia delante, con su flor totalmente abierta y su entrada oculta orientada directamente al techo me pareció superexcitante. Esperanza me pidió que metiera mi lengua en el "ojete" del culo de mi amiga, lo que provocó una reacción inmediata de Elena que intuyó enseguida las intenciones de la anfitriona. "No, no, por ahí no". Pero Esperanza le dio un fuerte beso y le dijo: "confía en mi, preciosa". De tal manera que primero la secretaria y después yo chupamos con profundidad esa obertura sonrosada y diminuta de la exmodelo, lo que pareció no disgustarle demasiado. Después esperanza le dio unos cuantos lametones a mi instrumento hasta ponerlo erecto una vez más y con la mano derecha lo dirigió al lugar que habíamos lubricado. Mi amiga notó enseguida que mi punta buscaba entrar en ese pequeño túnel oscuro y se inquietó porque comenzaba a dolerle un poco. Pero Esperanza echó más de saliva y me empujó desde atrás para que aquella incursión fuera posible. Hubo un instante en que noté que ya no era sólo mi glande lo que entraba, porque Elena comenzó a chillar como si la estuvieran violando. Pidió que paráramos, pero yo estaba tan puesto en la escena que cada vez que Elena intentaba distanciarse un poco, embestía todo mi cuerpo conduciendo toda mi fuerza a través del misil trepanador para que la entrada fuera más apoteósica. Y así fue como una pequeña pero erguida parte de mi cuerpo, a pesar de la resistencia de Elena, entró completamente, hasta la raiz. La exmodelo chillaba y chillaba, pero al tiempo gemía y ofrecía unos ronquidos profundos de placer y me gritó: "eres un cabrón, un hijo de puta, me estás matando".
Esperanza me pidió que la sacara. Aquello pareció no gustarle a Elena que comenzaba a disfrutar de lo lindo de la "enculada". Pero lo increíble fue ver a la secretaria que, en un abrir y cerrar de ojos, inició una nueva andadura por el agujero violentado de mi amiga Elena, pero esta vez con el enorme consolador que antes le había metido en su interior la exmodelo. Elena, que no se percató del juego, se dejó hacer al principio, pero cuando notó aquel aparato, de un tamaño dos o incluso tres veces superior a mi polla, dijo que eso no podía soportarlo. Pero Esperanza no la dejó protestar más y con un golpe rápido y experto le metió el artilugio casi un palmo. Al tiempo me pidió que me pusiera frente a Elena, que ahora apoyaba los brazos en la pared, pero de rodillas y en posición de perra, que me estirara sobre la cama mirando hacia arriba y que abrazara a mi amiga. Así lo hice, y pude comprobar las muecas de sufrimiento y de placer de la exmodelo, que cada vez chillaba más.
Me incorporé un poco y la abracé fuerte mientras la besaba. Pero notaba que cada impulso de esperanza y su consolador provocaban unas respiraciones más fuertes en mi amiga, cuyos gritos traducían placer y dolor. Esperanza le pidió a Elena que pusiera sus labios inferiores sobre mi sexo, mientras seguía con aquel aparato negro castigando su retirada. Elena lo hizo, pero me miró asustada temiendo lo que después ocurrió. Con su mano izquierda Esperanza tomó mi cansado miembro y lo orientó hacia la cueva libre de Elena. Esta suplicó que paráramos, pero ya era demasiado tarde para todo. Los tres estábamos con un desenfreno turbador incontrolable. Elena se rindió y se dejó caer sobre mi, metiéndosela toda de un golpe. La exmodelo tenía ahora dos aventuras en su interior, una de plástico y otra real, metidas hasta el fondo. Sus gemidos la ahogaban, estaba enloquecida, lloraba y al tiempo gritaba de placer, hasta que un enorme temblor la convulsionó hasta dejarla exhausta. Se quedó estirada sobre mi, con sus labios cerca de los míos, y pude comprobar cómo Esperanza le sacaba el consolador muy lentamente, con una destreza que no dejaba de asombrarme y, también, se apoyó en la espalda de mi amiga mientras le acariciaba con cariño la parte trasera de la cabeza y el pelo. Después Esperanza me pidió que me corriera sobre su cara, y así lo hice. Aunque parezca increíble me corrí tres veces esa noche, y la última sirvió para adornar los labios, ojos, cejas y cabellos de la secretaria.
"Gracias, gracias, eres mi mejor amigo", repetía una y otra vez Elena dirigiéndose a mi y tomando una mano de Esperanza también en señal de agradecimiento. Horas más tarde, cuando la llevé a casa tras una larga y divertida conversación que los tres mantuvimos aquella noche, Elena me dijo que nunca en su vida había tenido una experiencia tan satisfactoria. Y me añadió que ella nunca lo hubiera echo si yo no hubiera estado por medio. Se despidió dándome un fuerte beso en la boca, y con la promesa de que a ella le apetecía devolverme el favor ayudándome a desarrollar cualquier fantasía que yo tuviera en el cajón de la memoria. Pero esa ya es otra historia.
La intervención quirúrgica que le realizaron a Elena fue un éxito. Le extirparon los quistes sin dañarle los ovarios. Y días después conoció a un hombre encantador con el que inició una nueva relación de pareja. Sin embargo, Esperanza y Elena se vieron otras veces para profundizar en sus respectivas fantasías y, en alguna ocasión, me invitaron a participar de su apasionante aventura. |