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Mi sobrina marta ( Primera vez )
Autor: Valldemosag | Publicado: 2007-02-10 | Puntaje: 4.33 | Votos: 3 (Votar)

Marta es mi sobrina, la hija mayor de mi hermano. era encantadora y deseable. mi hermano y su mujer me invitaron a pasar un fin de semana con ellos y accedí encantado de pasar unos dias en familia.


Marta es mi sobrina, la hija mayor de mi hermano. Era encantadora y deseable. Mi hermano y su mujer me invitaron a pasar un fin de semana con ellos y accedí encantado de pasar unos dias en familia. Yo era casi un cincuentón, divorciado y algo exceptico ante muchas de las cosas de la vida. Me presenté en su casa un viernes por la tarde dispuesto a pasar allí hasta el domingo. Durante la cena que hicimos aquella noche no dejé de fijarme en lo bien formada que estaba mi sobrina. Llevaba una camiseta de tirantes muy ceñida que le marcaba sus tetitas, pequeñitas pero muy tiesas. La camiseta le dejaba la cintura al descubierto y la visión de su hermoso ombligo junto con su graciosa forma de moverse me pusieron muy caliente. Creo que ella lo notó ya que en un momento dado de la cena clavo en mi su mirada, como si me preguntase con los ojos a que venía que yo me fijase tanto en ella.

Despues de la cena tuvimos un para de horas de tertulia. Mi cuñada fue a dormir pronto y yo que quedé charlando con mi hermano en la sala mientras Marta, tumbada en el sofa, miraba la televisión jugueteando con el mando a distancia. Se habia quitado las zapatillas y sus bonitos pies recorrian juguetones el reposabrazos del sofa, subiendo de cuando en cuando para deslizarse por la tersa piel de sus piernas. Mi hermano me hablaba de diferentes cosas pero yo no podía concentrarme en lo que me decía, estaba demasiado concentrado en la belleza de mi sobrina. Su media melenita de cabellos color rúbio oscuro se enrredaba sobre sus mejillas y, de cuando en cuando, atrapaba uno de sus mechones de cabello entre sus lábios para mordisquearlo un ratito. Finalmente apagó el televisor y se despidió de nosotros. Martita se iba a dormir y yo me quedaba sin mi excitante pasatiempo. Mi hermano no tardo en hacer lo mismo y yo, ante la perspectiva de que no tenía sueño ni nada que hacer, decidí echar un vistazo a la interesante biblioteca de la casa buscando la posibilidad de hayar un buen libro.

Llevaría media hora solo en la biblioteca cuando la puerta se abrió y Martita entro sigilosamente. Caminaba descalza y su cuerpo sólo estaba cubierto por un camisoncillo muy corto y casi transparente, lo suficientemente transparente como para dejarme entreveer las pequeñas braguitas que llevaba debajo. Yo estaba sentado en un cómodo sillón, mirando un libro de ilustraciones de pintura holandesa, ella caminó hasta mi y me dijo que no podía dormir, se albortó la melena con una de sus manos y se sentó en mis rodillas. Creo al sentarse debió notar la dureza que en ese momento había adquirido mi miembro. Era tan bonita y deseable que me puso muy nevioso. Deje que mi mano se posase sobre uno de sus muslos y le pregunte sin pudor si alguna vez había estado con un chico. Ella rió pero al mismo tiempo se sonrrojó, calló unos segundos y finalmente me respondió que tenía un novio con el que se besaba pero nada más. Mi mano ya estaba debajo del camisoncito, acariciando su estrecha cintura. Yo estaba deseoso de seguir subiendo para tocar aquellas tetitas que todavía estaban creciendo. Entonces le pregunté si deseaba que yo la hiciese mujer. No me respondió, cerro los ojos y alzo los brazos como una bailarina quedandose así, con los brazos hacia arriba y los ojos cerrados, sin hacer nada, como esperando que yo tomase alguna iniciativa. Tome su camison entre mis dedos y lo fui quitando lentamente, deslizandolo hasta sacarselo por la cabeza. Ahora Martita estaba casi desnuda, sentanda en mis rodillas y con el cuerpo tan solo parcialmente tapado por unas pequeñas braguitas blancas. Abrio los ojos y me miró fijamente. "Este sera nuestro secreto" dijo con voz temblorosa. "Asi será" respondí justo antes de buscar con mi boca sus labios dulces y carnosos.

Creo que me la comi entera. Le quite despacito las braguitas y cuando la tuve totalmente desnuda me dedique con paciencia infinita a lamer todo su cuerpo, desde cada dedito de los pies hasta su cabeza, su nuca, sus orejitas. Cuando hundí mi lengua en su coñito ella se estremeció y más tarde me confesó que había tenido el primer orgasmo de su vida mientras yo la lamia. Me corrí dentro de ella, después de haber puesto final a su condición de virgen. Ella se asustó por la cantidad de mi semen. Me miró curiosa y me pregunto si eso era lo que un hombre y una mujer podían hacer juntos. "Es solo una parte" respondí "mañana tendras tu segunda lección".
Contacto con el autor: valldemosag - ComentariosMarta es mi sobrina, la hija mayor de mi hermano. Era encantadora y deseable. Mi hermano y su mujer me invitaron a pasar un fin de semana con ellos y accedí encantado de pasar unos dias en familia. Yo era casi un cincuentón, divorciado y algo exceptico ante muchas de las cosas de la vida. Me presenté en su casa un viernes por la tarde dispuesto a pasar allí hasta el domingo. Durante la cena que hicimos aquella noche no dejé de fijarme en lo bien formada que estaba mi sobrina. Llevaba una camiseta de tirantes muy ceñida que le marcaba sus tetitas, pequeñitas pero muy tiesas. La camiseta le dejaba la cintura al descubierto y la visión de su hermoso ombligo junto con su graciosa forma de moverse me pusieron muy caliente. Creo que ella lo notó ya que en un momento dado de la cena clavo en mi su mirada, como si me preguntase con los ojos a que venía que yo me fijase tanto en ella.

Despues de la cena tuvimos un para de horas de tertulia. Mi cuñada fue a dormir pronto y yo que quedé charlando con mi hermano en la sala mientras Marta, tumbada en el sofa, miraba la televisión jugueteando con el mando a distancia. Se habia quitado las zapatillas y sus bonitos pies recorrian juguetones el reposabrazos del sofa, subiendo de cuando en cuando para deslizarse por la tersa piel de sus piernas. Mi hermano me hablaba de diferentes cosas pero yo no podía concentrarme en lo que me decía, estaba demasiado concentrado en la belleza de mi sobrina. Su media melenita de cabellos color rúbio oscuro se enrredaba sobre sus mejillas y, de cuando en cuando, atrapaba uno de sus mechones de cabello entre sus lábios para mordisquearlo un ratito. Finalmente apagó el televisor y se despidió de nosotros. Martita se iba a dormir y yo me quedaba sin mi excitante pasatiempo. Mi hermano no tardo en hacer lo mismo y yo, ante la perspectiva de que no tenía sueño ni nada que hacer, decidí echar un vistazo a la interesante biblioteca de la casa buscando la posibilidad de hayar un buen libro.

Llevaría media hora solo en la biblioteca cuando la puerta se abrió y Martita entro sigilosamente. Caminaba descalza y su cuerpo sólo estaba cubierto por un camisoncillo muy corto y casi transparente, lo suficientemente transparente como para dejarme entreveer las pequeñas braguitas que llevaba debajo. Yo estaba sentado en un cómodo sillón, mirando un libro de ilustraciones de pintura holandesa, ella caminó hasta mi y me dijo que no podía dormir, se albortó la melena con una de sus manos y se sentó en mis rodillas. Creo al sentarse debió notar la dureza que en ese momento había adquirido mi miembro. Era tan bonita y deseable que me puso muy nevioso. Deje que mi mano se posase sobre uno de sus muslos y le pregunte sin pudor si alguna vez había estado con un chico. Ella rió pero al mismo tiempo se sonrrojó, calló unos segundos y finalmente me respondió que tenía un novio con el que se besaba pero nada más. Mi mano ya estaba debajo del camisoncito, acariciando su estrecha cintura. Yo estaba deseoso de seguir subiendo para tocar aquellas tetitas que todavía estaban creciendo. Entonces le pregunté si deseaba que yo la hiciese mujer. No me respondió, cerro los ojos y alzo los brazos como una bailarina quedandose así, con los brazos hacia arriba y los ojos cerrados, sin hacer nada, como esperando que yo tomase alguna iniciativa. Tome su camison entre mis dedos y lo fui quitando lentamente, deslizandolo hasta sacarselo por la cabeza. Ahora Martita estaba casi desnuda, sentanda en mis rodillas y con el cuerpo tan solo parcialmente tapado por unas pequeñas braguitas blancas. Abrio los ojos y me miró fijamente. "Este sera nuestro secreto" dijo con voz temblorosa. "Asi será" respondí justo antes de buscar con mi boca sus labios dulces y carnosos.

Creo que me la comi entera. Le quite despacito las braguitas y cuando la tuve totalmente desnuda me dedique con paciencia infinita a lamer todo su cuerpo, desde cada dedito de los pies hasta su cabeza, su nuca, sus orejitas. Cuando hundí mi lengua en su coñito ella se estremeció y más tarde me confesó que había tenido el primer orgasmo de su vida mientras yo la lamia. Me corrí dentro de ella, después de haber puesto final a su condición de virgen. Ella se asustó por la cantidad de mi semen. Me miró curiosa y me pregunto si eso era lo que un hombre y una mujer podían hacer juntos. "Es solo una parte" respondí "mañana tendras tu segunda lección".


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